PIERO
Dormía dulce y apacible entre mis brazos, aunque la luz de fuera alumbrara la habitación. Con una tonta sonrisa me repetí internamente que debía comprar unas cortinas.
Mis dedos rozaron su espalda desnuda, mientras en mi pecho se formaba un sentimiento al que intentaba darle nombre: ¿Amor? Tal vez. Sin embargo, iba más allá de un amor simple. Comprendí anoche, que aunque deseaba poseerla, caer con ella en la cama y hacerla mía, no era lo más importante que me jalaba a Sabrina, sino más bi