Punto de Vista Marcelo
Después de haberlo dicho todo, simplemente nos quedamos ahí, abrazados. No sabría decir cuánto tiempo pasó en ese silencio cargado de emociones; solo podía sentir sus sollozos contra mi pecho, ese peso desgarrador que me partía el alma. Hacerle daño a la mujer que amaba era como apuñalarme a mí mismo. Jamás estuvo en mis planes herirla; mi única intención era verla feliz, siempre.
—Marcelo… ayúdame a levantarme, por favor —rompió el silencio con voz ronca. Sus ojos, hinc