Punto de vista de Samantha
Satisfecha por la humillación que acabábamos de hacerle pasar a la nueva prometida de Marcelo, bebí mi última copa de vino con una sonrisa triunfal.
—Querida, gracias por apoyarme. No voy a permitir que esa mujer se case con Marcelo —dijo Mérida, abrazándome con complicidad.
—Descuida, suegra, siempre podrás contar conmigo. Somos familia —le respondí con firmeza.
Me despedí poco después y pedí un auto para regresar a casa. Alan debía estar esperándome. Lo amaba con