Punto de vista Marcelo
La seguí sin pensarlo, no podía dejarla ir de esa manera, sola y especialmente tan alterada.
—¡Valeria, por favor! ¡Cariño, espera! —todos me miraban, observando el drama, especialmente porque no podían evitar pensar que tal vez yo era el responsable de sus heridas físicas.
—Marcelo, hijo, ¡espera! —la voz de mi madre me alcanzó en ese momento, y fue como si me hubiera dado una bofetada. Me detuve por un segundo, la encaré—. Madre, no te metas, y tenemos una conversación