Al día siguiente, no lo vi en toda la mañana. Pietro había salido temprano, más temprano de lo habitual, sin despertarme. Por un instante, pensé que tal vez estaba tomando distancia. Que necesitaba espacio. No lo culpaba. Después de todo, lo había sacudido con una verdad que llevaba meses enterrada.
Decidí no agobiarlo. Me mantuve en mi rutina. Caminé un poco por el jardín, traté de leer, incluso intenté dormir una siesta, pero la inquietud se instalaba en mi pecho como una piedra pesada. Las h