Pietro vestía una camisa de color azul claro, los primeros botones desabrochados como si llevarla completamente cerrada fuera una molestia innecesaria. Sus pantalones negros resaltaban la firmeza de su postura, y su cabello oscuro estaba peinado con la misma perfección con la que parecía llevar cada aspecto de su vida. Elegante, imponente, intocable. Pero lo que más llamaba mi atención era su mirada, esa mezcla entre frialdad y deseo que me mantenía en constante confusión.
Por momentos, sentía