Valeria
La noche había caído como un manto oscuro sobre la mansión, y con ella, los recuerdos de lo que había sucedido entre Pietro y yo. Era solo mi primera noche en esta casa, nuestra noche de bodas, y ya el peso de mi decisión se sentía insoportable. Ahora, al amanecer, no podía evitar cuestionarme si había cometido un error irreparable.
Si en verdad, no debí dejarme seducir por lo fuerte de sus brazos. Por su torso desnudo. Por su mirada mordaz y atractiva y sus labios suaves pero firmes.
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