El salón estaba en su punto más alto. Las luces tenues, los violines al fondo, las copas llenas de burbujeante champán y las risas fingidas llenaban el ambiente. Yo apenas podía escuchar.
La conversación entre políticos, donantes, empresarios y socialités era solo un murmullo lejano. Mis ojos estaban fijos en ella.
Valeria.
Mi esposa.
Mi posible traición.
Llevaba ese vestido negro que le marcaba cada maldito suspiro. Su espalda era una curva perfecta de elegancia y tentación, y aun así, yo la m