La mano de aquel hombre se deslizó por la espalda de Kany a modo de consuelo, ella lo abrazó con fuerza y las lágrimas se volvieron a deslizar en sus mejillas, terminando en el cuello de él.
—No llores, pequeña. En serio que las cosas se van a arreglar entre ustedes, ahora, por favor, trata de cuidarte mucho —él se separó de ella —. Sabes bien que te quiero mucho, Kany.
—Lo sé, Hassan. En serio que tú fuiste un bálsamo para mis heridas durante aquellos años, ahora si me perdonas, tengo que irme