69: Dejarte de amar, no puedo.
El tono que Rocío utilizó con esas palabras fue tan doloroso que en mi corazón se instaló una angustia terrible. Ella sufría con mi amor y no deseaba que esto fuera así, que mis sentimientos la flagelaran de alguna manera.
—Rocío, quiero que me digas por qué dices eso. En serio que tengo miedo por ti, no por mí.
Rocío me sorprendió en el momento en que me abrazó con fuerza. Su rostro se elevaba al cielo y sus manos abarcaban mi espalda por completo.
—Te amo, Mateo. Ese es nuestro castigo.
Rocío