Llegué a mi cuarto y me cambié de ropa. La toalla que Zayd me había colocado en los hombros se encontraba húmeda en mi cama. Al tomarla entre mis manos, la llevé a mi nariz y pude sentir el aroma de mi esposo.
—¿Qué estoy haciendo? Se supone que no debo de estar con este tipo de pensamientos y tampoco gestos. Mi matrimonio es de mera conveniencia y nada más.
Lancé la toalla a la canasta de la ropa sucia y luego de eso me lancé a la cama. Me acosté de lado mientras mi mano descansaba debajo de m