"No hagas esto", dijo Juniper, abalanzándose, pero el fuerte agarre del oficial en el brazo de Elias la detuvo.
"¡Esto es un error!", gritó, y su voz delataba que no lo creía.
Elias ladeó ligeramente la cabeza hacia ella, pero su rostro estaba inexpresivo. Cuando sus miradas se cruzaron, la suya se suavizó, pero no dijo nada. Su silencio dolía más que cualquier palabra que pudiera haber pronunciado.
"Elias...", murmuró Juniper con la voz quebrada. Avanzó, pero los oficiales la empujaron hacia a