98. OCTAVIO
VICTORIA:
Su respuesta resonó como un eco en mis pensamientos, cargando consigo el peso de decisiones que ni siquiera recordaba haber tomado. Había despedido a Octavio, sí, pero ¿por qué? Una maraña de emociones y recuerdos se cruzaron, desordenados, como piezas de un rompecabezas que nunca encajaron.
—Yo no te despedí, Octavio. Nunca lo hice —aseguré con firmeza—. Pensé que seguías cuidándome desde las sombras, te he visto muchas veces. ¿Cómo puedes pensar que hice eso?
Octavio se quedó e