23. CONTINUACIÓN
RICARDO:
La observé pasar de la furia a la palidez en cuestión de segundos. Una sonrisa sardónica se dibujó en mi rostro mientras la veía desmoronarse frente a mí. Primero su arranque de furia infantil y ahora esto, típico de una niña rica mimada que no sabe manejar sus asuntos.
—¿De veras, Victoria? Vaya, vaya... —dije con tono mordaz, inclinándome hacia adelante sin dejar de mirarla—. Así que la señorita perfecta dejó sus documentos importantes en casa de su ex. ¿En serio? ¿Este es el nivel d