108. CONTINUACIÓN

VICTORIA:

Despacio, después de desayunar, me dirigí al despacho y abrí la computadora. De inmediato, entré en mi empresa y me puse a estudiar todo lo que había hecho Ricardo en mi ausencia, y quedé complacida. Era, en verdad, un genio, como me había dicho mi tío. No solo había cerrado todos los contratos que yo había dejado inconclusos, sino que las acciones de mi empresa habían subido un diez por ciento.

—Vaya, bebés, papá en verdad es muy bueno en lo que hace —dije, acariciando mi vientre.
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