Mardeli hizo lo que el hombre le ordenó. Se disculpó con su hijo por haberlo engañado al decir que saldrían a comprar un helado, lo dejó en la habitación y ella salió a reunirse con la bestia.
No tenía otra opción, era obedecer o atenerse a las consecuencias.
—Siéntate—. Ordenó.
¿Estás bien? ¿Quieres que llame al médico?
Preguntó al ver que ella pasó la mano por el vientre y frunció el ceño.
—No es necesario. Por favor, procede con tus planes.
—Necesito que llames a tus suegros.
—Ya no soy s