Imposible de soportar tanta impresión, Mardeli había perdido el conocimiento y cuando despertó estaba recostada en una cama… en una habitación distinta a la de ella.
Era perfecta y brillante con un olor a lavanda, pero nada de eso sanaba su corazón y las ansias por ver a su hijo eran tan grandes que lo primero que hizo fue llorar a gritos.
—Mamá, ¿estás bien?
Preguntó una voz angelical.
Ella no lo podía creer, cerró sus ojos… pensó que estaba alucinando. Pero aquella voz volvió a preguntar.
—Ma