Luna se dio la vuelta, sus piernas estuvieron a punto de fallarle. Se agarró del escritorio para no caer, quería demostrar que no tenía miedo, pero era imposible.
—¿Por qué te quedas paralizada? ¿Acaso no te da gusto que haya vuelto por ti? He viajado desde mi país para que nos volvamos a ver, preciosa, debes de alegrarte porque de nuevo estaremos juntos como se debe.
Luna se estremeció.
—¿Cómo entraste aquí? —¿quién te permitió la entrada, si se supone que personas ajenas a la empresa no pue