En un corto descuidado de aquel hombre, Eduardo se lanzó hacia él y le arrebató la navaja.
Luna cayó al suelo boqueando como un pez por la falta de oxígeno que necesitan sus pulmones. Mientras que su marido ha tomado a golpes con puño limpio al malvado hombre.
—Mi… amor… ya déjalo, por favor lo vas… a matar. —le suplica al ver al hombre lleno de sangre y con un ojo prácticamente salido de su lugar, sus dientes están esparcidos por partes de la oficina.
Eduardo está furioso y no para de golpear