★Lulú
Había logrado que Amelia se durmiera, lo cual debería contar como un deporte olímpico. De verdad, si algún día inventan los Juegos Olímpicos de “acostar niños hiperactivos”, yo me traigo la medalla de oro.
La niña se resistía al sueño como si cerrando los ojos fuera a perderse la fiesta del siglo. Primero fue el “cuéntame un cuento”, luego el “otro cuento”, después el “cántame una canción” y, cuando pensé que ya estaba rendida, me pidió que le describiera cómo sería un viaje a la luna. Yo, con la poca energía que me quedaba, improvisé:
—Pues la luna es como un queso gigante y ahí viven los ratones astronautas.
Amelia me miró con sus ojotes brillantes.
—¿En serio?
Yo asentí muy seria, aunque por dentro quería carcajearme.
—Claro. Si algún día llegamos, seguro nos reciben con una pizza lunar.
Al fin, después de toda esa función, se quedó dormida abrazada a su oso de peluche. Suspiré como quien acaba de terminar una maratón y salí despacito de la habitación, cuidando de no hacer ru