★Amelia
Hoy amanecí con ganas de hablar mucho, como todos los días, porque dormir me cansa más que estar despierta. No sé por qué. Dormir es aburrido: cierras los ojos, no pasa nada divertido, y cuando los abres ya se acabó. Prefiero estar despierta para preguntar cosas, mirar todo y molestar a papá.
Yo estaba sentada en el sillón abrazando a Lulú, que me veía raro, como si yo fuera a arrancarle un ojo de tanto mirarla. Ella me aguanta, pero sus ojos dicen “esta niña está loca”. Y mi papá estaba allí, acostado con cara de “me quiero ir, pero no quiero”.
—Papá, ¿por qué no te fuiste a trabajar? —le pregunté con mis ojos de detective.
Papá bufó como caballo cansado.
—Porque… porque me quedé aquí.
—¡Mentira! —le señalé con mi dedito acusador—. Te quedaste porque tenías miedo de que Lulú desapareciera y yo sola destruyera la casa.
Lulú se rió tanto que casi se cae del sillón.
—Pues sí, Daniel, su hija tiene razón —dijo ella con su voz burlona.
Papá nos miró a las dos como si fuéramos extr