★Lulú
Horas antes.
La sartén chisporroteaba como si estuviera enojada conmigo, y yo, con el delantal de florecitas medio chamuscado, trataba de convencerla de que los huevos no se me pegaran otra vez. Mi mamá estaba recostada en el sillón, envuelta en una manta viejita que había perdido las flores en las lavadas, pero todavía olía a suavizante barato, ese que yo decía que era nuestro “perfume de combate”.
—Hija, si sigues moviendo esos huevos como si fueran cemento, no los vamos a desayunar nun