No sé qué clase de karma estoy pagando, pero la vida se empeña en ponerme a prueba. Primero mi ex mujer me dejó como si uno fuera un mueble viejo que ya estorba, después tuve que criar solo a mi hija «bueno, técnicamente nuestra hija, aunque ella antes de irse juró que Amelia no llevaba mi sangre», y ahora… ahora resulta que la niñera candidata es nada menos que una payasa. Sí, literalmente. Con peluca verde y nariz roja incluida.
Sentí que el cansancio me pasaba factura. Pero como siempre, ant