★ Lulú
Estaba cansada. No solo cansada… estaba destruida. Después del día que habíamos tenido, lo único que quería era dormir durante un mes entero, con la puerta cerrada, las ventanas selladas y cero posibilidades de que Mariana apareciera por algún lado como fantasma vengativo. Aun así, ahí estaba, sentada en el coche de Daniel, mirando las luces de la calle pasar mientras él manejaba rumbo a casa de su mamá. De mi suegra. Sí, mi suegra. Jamás pensé decir esa palabra sin que se me atorara en la garganta, pero después del susto del día, Carmen me parecía más un ángel que una suegra.
La llamada había sido breve, pero contundente:
“Daniel, déjame a la niña. Se quedó dormida profundamente. No tiene caso que la muevas. Déjenla pasar la noche aquí.”
Y claro, Daniel dudó. Dudó como siempre duda de todo lo que no puede controlar, pero al final cedió porque sabía que Amelia estaría segura ahí. Yo también lo sabía. Carmen podrá ser intensa, pero jamás descuidaría a esa niña.
Y ahí, en medio d