Capítulo 27. La advertencia.
Emma bajó las escaleras de la casa ya lista para salir. Llevaba puesto un vestido turquesa y un abrigo ligero en caso de que refrescara más tarde. En el salón, los gemelos estaban en el suelo rodeados de sus juguetes mientras la niñera revisaba sus tareas escolares.
—Emma, ¿ya te vas? —preguntó Lucas, y levantó la vista con un mohín de insatisfacción en el rostro.
Ella se agachó para quedar a su altura y acariciarle el cabello.
—Sí, cariño, voy a cenar con mis amigas.
—¡Pero no queremos que te vayas! —protestó Matt, y se cruzó de brazos—. Siempre queremos estar contigo.
—Vas a divertirte más si te quedas con nosotros —añadió Lucas, apoyando a su hermano.
Emma sonrió con ternura. Aquellos pequeños tenían la capacidad de desarmarla por completo. Los tomó de las manitas y los acercó a ella.
—Escuchen —dijo con voz suave—. Solo será un ratito. Solo voy a saludar a mis amigas porque llevo muchos días sin verlas.
—Puedes traerlas a casa —refunfuñó Matt apretando los labios.
—Las invitaré en