C100: Esto nunca me había pasado.
Poco a poco, sus palabras parecieron serenarlo. El temblor en sus manos disminuyó, aunque sus dedos seguían ligeramente rígidos, como si la parálisis interna no quisiera desaparecer completamente. Sus músculos, que se habían tensado como cuerdas, comenzaron a aflojarse despacio, como si la presión estuviera comenzando a ceder. El sudor en su frente se secaba, y su respiración, que antes era superficial y rápida, comenzaba a estabilizarse.
Sus ojos, que antes brillaban con una desesperación sile