A MERCED DEL DINERO. C263: No lo perdones.
—Por favor, Marfil… Solo piénsalo —insistió Alexandro—. Te sacaré de aquí, te alejaré de este lugar gris y sofocante que no te hace justicia. Este barrio apagado te consume y te opaca. Tú no fuiste hecha para esto, mereces estar donde puedas brillar, donde todos te admiren, donde seas la envidia de las demás y donde tengas todo lo que alguna vez deseaste. Y yo estoy dispuesto a...
—Cállate ya, Alexandro. Basta. —impuso Marfil—. Deja de decir tantos disparates, yo no tengo nada que pensar. Y te