A MERCED DEL DINERO. C248: No quiero perderte a ti.
De pronto, las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Marfil sin que pudiera hacer nada para detenerlas.
—¿Te das cuenta? —dijo con dificultad, mientras se le cerraba la garganta—. Te das cuenta de que estás siendo muy duro conmigo, ¿verdad? No tienes por qué hablarme así...
—¿Y todas las veces que tú me has hablado así, Marfil? —soltó con amargura—. ¿Todas las veces que me reprochaste hasta lo más mínimo? ¿Los reclamos interminables, los cuestionamientos sin sentido? ¿Qué hay de