A MERCED DEL DINERO. C239: No hay nada entre nosotros.
Marfil rompió en un leve llanto que intentó esconder aunque no pudo hacerlo. Dio un paso más y, sin pedir permiso, se acercó a él y lo abrazó. Rodeó su cintura y apoyó la cabeza contra su pecho, como si de ese modo pudiera detener el tiempo, revertir lo inevitable.
—Lucas… —susurró, aferrándose con fuerza—. No digas eso. No sabes cuánto me arrepiento, de verdad me arrepiento de todo lo que hice, de todo lo que elegí mal. Te lo juro, Lucas, me duele tanto…
—Marfil, por favor… estamos en la calle