A MERCED DEL DINERO. C149: Lleguemos a una solución.
—Yo era el único imbécil que asumía que tú me querías —continuó Lucas—. Me inventé un mundo entero contigo. Me aferré a gestos, a silencios, a esas miradas que yo creía exclusivas... Pensaba que era el único hombre al que mirabas con dulzura, con ternura.
Y entonces bajó la mirada, como si le doliera contemplarla, como si cada rasgo en su rostro le devolviera la imagen distorsionada de un amor que solo vivía en su cabeza.
—Pero ahora sé que a Richard también lo miras así. Con esa misma suavidad