La mañana transcurrió con rapidez. Ignacio no paró de trabajar. Entre reuniones con socios y con clientes del bufete, apenas tuvo tiempo para almorzar. Sin embargo, a ratos, la imagen de Isabella aparecía sacándolo de la realidad.
No conseguía olvidarla, bastaba cualquier momento de calma para que se metiera en su cabeza y en su corazón. Se estaba enamorando de ella sin darse cuenta y sin querer admitirlo.
Isabella, en cambio trataba de mantenerse ocupada, cuidando de su hijo, ayudando un poco en casa. Intentando olvidar el calor de sus besos, sus manos y su cuerpo. A pesar de sus esfuerzos, no lograba dejar de pensarlo e incluso de extrañarlo. Sólo habían transcurrido algunas horas ¿y ya lo extrañaba?
Aquello encendió sus alarmas. Desde que se separó de Germán, nunca volvió a pensar en enamorarse. No después de todo lo que tuvo que vivir junto a su ex. Un hombre controlador, manipulador y sobre todo injusto.
—Fabián —dijo con voz suave pero firme— es hora de descansar. Ya has