La mañana siguiente, Isabella se levantó al ver que el sol comenzaba a salir. Su pequeño no tardaría en despertar y no deseaba que la viera sintiéndose mal. A pesar de haber tomado analgésicos, los dolores seguían apareciendo intermitentes aunque más leves.
Fue directamente al baño para asearse y recoger el desastre que había dejado. Tomó la ropa de la tina, la exprimió y llevó hasta el cesto de ropa. Luego de cambiarse salió de la recámara y llevó todo al área de la lavandería.
—Buenos día