No siempre hacer lo correcto, te hace feliz.
Isabella se levantó del asiento y regresó a la habitación de su hijo. Apenas sintió la puerta abrirse, el pequeño Fabián despertó. Ella se acercó al niño.
—Buenos días dormilón. —dijo acariciándole el cabello.
—Buenos días, mamita.
—¿Qué te gustaría desayunar?
—Quieroooo —contestó levantando la vista y colocando su dedo índice en el labio inferior— unas rebanadas bien tostadas, con miel y mantequilla.
—Está bien. Yo misma te las prepararé. Pero… primero vamos a cepillar esos dientes.