No siempre hacer lo correcto, te hace feliz.
Isabella se levantó del asiento y regresó a la habitación de su hijo. Apenas sintió la puerta abrirse, el pequeño Fabián despertó. Ella se acercó al niño.
—Buenos días dormilón. —dijo acariciándole el cabello.
—Buenos días, mamita.
—¿Qué te gustaría desayunar?
—Quieroooo —contestó levantando la vista y colocando su dedo índice en el labio inferior— unas rebanadas bien tostadas, con miel y mantequilla.
—Está bien. Yo misma te las prepararé. Pero… primero vamos a cepillar esos dientes.
Fabián asintió enérgicamente y se levantó de la cama. Isabella le tomó de la mano y se dirigió junto con él hacia el baño. Luego de cepillarse, ella le secó el rostro y regresaron a la habitación.
Mientras lo ayudaba a cambiarse la pijama, alguien tocó la puerta. Ella pensó que debía tratarse de la enfermera por lo que desde adentro habló con prisa:
—Puede pasar.
La puerta se abrió lentamente, y entonces, Ignacio asomó la cabeza dando los buenos días.
Fabián giró el rostro y sonrió.
—¡M