—Hola, mi amor —respondió emocionada.— Justo iba a llamarte y decirte que no tuve tiempo…
—¿Quién eres? —interrumpió la voz femenina del otro lado del teléfono.
Antonella guardó silencio.
—Pregunté, ¿Quién eres y qué te traes con mi esposo? —interrogó la mujer con severidad.
—Dis-disculpe, creo que me equivoqué de número. —balbuceó.
—Imagino que debes ser una de las mujercitas que andan detrás de Luciano y que sólo están con él por su dinero.
—No, no. Ya le dije que me equivoqué, deb