Finalmente... uno.
Isabella comenzó a arder de deseo. El calor que emergía de su cuerpo se fue haciendo cada vez más evidente.
Él la desabrochó su brasier y sus pechos redondos quedaron expuestos, ansiosos de sentir y ser acariciados. Con la punta de su lengua Ignacio bordeó el contorno de sus pechos; ese contacto la estremeció por dentro. Descendió hasta su abdomen, mientras sus manos se colaban bajo la falda, arrancándole un suspiro que no logró disimular.
Con destreza, él retiró la pantie, que cayó al piso.