El pánico se instaló en el pecho de Bianca como un bloque de hielo, apagando instantáneamente el brillo de su sonrisa descarada. A partir de ese fatídico segundo, la fastuosa fiesta corporativa se convirtió en una absoluta pesadilla. La joven comenzó a moverse por el gran salón como un animal acorralado, utilizando cada brindis, cada grupo de invitados y cada saludo formal para cambiar de posición de manera constante, intentando por todos los medios mantenerse lo más distante posible de aquell