La gala continuaba en su máximo esplendor dentro del gran salón, pero para Alessandro, el resto del mundo se había desvanecido. Emma hacía intentos desesperados por recuperar su atención, interrumpiendo conversaciones, presentándole a nuevos inversionistas y buscando cualquier excusa para tocar el brazo de su socio; sin embargo, todos sus esfuerzos eran en vano. Los ojos grises del magnate no obedecían a la razón ni a los negocios; él solo podía ver a Bianca, siguiera donde siguiera con su es