El sol de la tarde caía con una fuerza implacable sobre la piscina de la mansión, tiñendo las ondas del agua de destellos dorados y sofocantes. Bianca estaba recostada en una de las tumbonas, buscando en el calor del día un refugio para la densa capa de ansiedad que la carcomía por dentro. Faltaban solo dos semanas para el proceso médico. Llevaba un bikini ajustado que resaltaba cada línea de su figura, y mantenía los ojos cerrados bajo los párpados, intentando convencerse de que todo saldría