La atmósfera en la sala de espera de la exclusiva clínica de fertilidad era tan densa que podía cortarse con un cuchillo. Sentados en un sillón de cuero blanco, Alessandro y Bianca mantenían una distancia prudencial, separados por un abismo de silencio e incomodidad. Después de la devastadora discusión en el comedor y las amenazas veladas de Alan, el ambiente entre ellos se había vuelto inhabitable. Estaban profundamente incómodos el uno con el otro; la cercanía que días atrás los hacía arder