La pasión en el despacho Riva había alcanzado una temperatura volcánica, un torbellino donde la lógica quedaba sepultada bajo el peso de la piel y el deseo prohibido. Alessandro, habiendo perdido toda conexión con la realidad de su inminente matrimonio, se entregaba con una ferocidad que rozaba lo desesperado, buscando en Bianca una respuesta que ni siquiera sabía articular. Ella, por su parte, era la arquitecta de su propia caída; cada gemido estaba calculado, cada movimiento coreografiado pa