Para entender el hilo conductor que llevó a Alessandro a reventar la puerta de ese despacho, la línea del tiempo debe retroceder, justo al primer amanecer en que Bianca marcó su tarjeta de entrada en el majestuoso rascacielos corporativo.
Aquella mañana, Emma había entrado a la oficina de Alessandro con el rostro rígido y los tacones resonando con furia sobre el suelo de madera fina. Llevaba entre sus manos la carpeta con los documentos de contratación de la nueva cuadrilla de limpieza noctur