Fabián avanzó un paso más, arrastrando los pies con una parsimonia macabra que terminó por bloquear la única vía de escape del despacho de la alta gerencia.
—¿De verdad te creías intocable, muerta de hambre? ¿Pensabas que porque el secretarito de dirección bajó a defenderte ayer vas a poder tratarme como basura para siempre? —siseó Fabián, acortando la distancia con una lentitud tortuosa, disfrutando del evidente pánico que comenzaba a reflerarse en el rostro de la joven—. Al final del día,