El amanecer llegó con un cielo plomizo y una llovizna pertinaz que golpeaba los cristales de la clínica, como si el clima compartiera la pesadez que Bianca llevaba en el alma. Cada paso hacia el hospital se sentía como si arrastrara cadenas de plomo, pero la firme resolución de cumplir su promesa y no ligar su miseria al mundo de Alessandro la empujaba hacia adelante.
Lola iba a su lado, sosteniéndole la mano con una fuerza inquebrantable desde que salieron del pequeño departamento. Al cruz