Bianca cerró la puerta de su habitación y se apoyó contra la madera, exhalando el aire que parecía haber tenido contenido desde que Alessandro la miró de esa manera. Su pecho subía y bajaba con rapidez, pero no era por miedo; era por la adrenalina pura de la conquista. Se cruzó de brazos y caminó hacia el enorme ventanal que daba a los jardines, con la idea a flor de piel dándole vueltas en la cabeza:
«¿Ese hombre realmente podría caer por mí?»
Se pasó una mano por el cabello, sonriendo con