El aire de la gran sala se volvió tan denso que Bianca sintió que el oxígeno le faltaba en los pulmones. Alessandro Riva dio un paso fuera de las sombras, revelando su imponente silueta iluminada a medias por la luz de la luna. No vestía su pulcro traje de diseñador, sino una pijama de seda negra que delataba la anchura de sus hombros y la firmeza de su pecho. Sus ojos grises, enmarcados en una expresión de fría furia, destellaban con una intensidad letal.
Bianca sintió que el pulso se le acel