El silencio del crepúsculo se rompió por el trote de los caballos. Kalen, con su rostro oculto bajo la sombra de su casco, cabalgaba al frente de sus hombres, adentrándose en las profundidades del Bosque de los Lamentos. El aire, denso y frío, parecía susurrar advertencias que solo las criaturas del bosque podían escuchar.
Su destino era el corazón de un antiguo círculo de piedras, un lugar infame donde las brujas hechiceras se reunían para tejer sus oscuros encantamientos con fines sangrientos