Aleksi aguardó por la respuesta bajo el manto de la noche, con la luz tenue de una solitaria lámpara pública como única testigo. Sus ojos no se apartaban de Beth, quien permanecía inmóvil, luchando contra el tumulto en su pecho; sabía que el lobo podía escuchar su acelerado corazón, lo que la llenaba de vergüenza.
—Yo… —empezó, pero las siguientes palabras jamás llegaron.
Aleksi respiró hondo, el aire frío llenando sus pulmones. La manera en que Beth evitaba mirarlo le dio la respuesta que tant