Las piernas de Gianna flaquearon, una repentina debilidad la embargó. Ambos hombres aparecieron a su lado —es decir, corrieron, pero fue tan rápido que ella sólo los vio aparecer—.
Darragh la sostuvo por la cintura. William sólo se mantuvo a su lado con las manos cerca de su brazo, pero sin tocarla.
—¿Estás bien? —preguntó Darragh.
Gianna asintió, mas no podía hablar. La sangre recorría su cuerpo, podía sentir el líquido diluyéndose en las venas.
La debilidad se marchó. Su cuerpo comenzó a ad