—Cornelia, basta —espetó Darragh—. No volveré a decirlo.
—¡Pero ni estudió! ¡Con suerte sabe leer y escribir!
—No aprendí por suerte, aprendí con mi manada y adopté el hábito de leer gracias al ama de llaves de la familia de Mark que me permitía tomar libros de la biblioteca —explicó Gia que estaba harta de sentir vergüenza de su origen humilde, ya no, aunque recordar a Mark provocó una profunda culpa en su pecho.
—¡¿Ves?! —chilló Cornelia—. ¡Si para pertenecer a esta empresa debes tener un exc