Gianna se sintió todavía más importante cuando la misma recepcionista de la última vez —y única vez— la condujo hasta el penúltimo piso del edificio donde se encontraban las salas de juntas más grandes.
La mujer no paraba de inspeccionarla; Gianna podía percibir esa mirada escudriñándola mientras subían en el ascensor. La loba ignoraba que todas las mujeres en ese lugar —y algunos hombres— envidiaban a la afortunada de Cornelia por ser la prometida de Darragh Ashbourne; sin embargo, en las últ